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BLADE RUNNER 2049 Destacado

BLADE RUNNER 2049

 

Los androides siguen soñando con ovejas eléctricas (y caballos de madera vieja)

Fría, compleja y deslumbrante, esta secuela de una obra maestra se erige como un filme necesario, complejo y anticlimático que será valorado más tarde, cuando las expectativas y comparaciones odiosas cesen y permitan reconocer el fino trabajo del director canadiense Denis Villeneuve, uno de los grandes realizadores de este tiempo

Víctor Bórquez Núñez
Esperada con expectativas, deslumbrante en su visualidad, digna secuela de un clásico absoluto, este filme debe luchar con tres grandes obstáculos previos: primero, el más obvio, tratar de no comparar esta película de Denis Villeneuve con la original, esa obra maestra absoluta, dirigida de 1982 por Ridley Scott que ahora opera como productor ejecutivo.

El ‘Blade Runner’ original generó grandes cambios en el lenguaje del cine, en aspectos estéticos, arquitectónicos, éticos y climáticos del cine al adaptar el fascinante relato de Phillip K. Dick ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ de 1968.
Los otros dos escollos eran convocar a un actor que fuera capaz de dar la estatura de Harrison Ford quien, protagonizando la película pionera, dio su mejor actuación en la pantalla grande, lo que gracias a la sutil performance de Ryan Gosling, se logra plenamente y, ser capaz de urdir una trama que pudiera continuar con seriedad y altura las exquisitas preocupaciones morales que arrojaba la cinta de Scott en los años ochenta.
Con todo esto, ‘Blade Runner 2049’ se alza como una película monumental, heredera de su esencia y capaz de recrear ese universo pleno de luces y sombras que, 35 años después del estreno del original, seduce y deslumbra.
El protagonista es un Blade Runner llamado K que, tempranamente, se empieza a cuestionar por su identidad, haciendo que la trama de búsqueda y encuentro con el viejo Deckard (Harrison Ford, en un retorno glorioso), potenciando una secuencia anticlimática larga, hermosa y llena de referencias cinéfilas y culturales, aderezada con el dilema de la identidad (¿qué soy?), y donde predomina un ritmo hipnótico y crepuscular.
Otra gran idea que sobrevuela todo el filme es el tema del ensueño que está simbolizado de manera notable por un holograma con forma de mujer que actúa como deseo, memoria y conciencia.
Esto de la nostalgia que implica el recuerdo del pasado, se subraya con apariciones casi fantasmales de Rachel, la protagonista de la primera película que dio vida la actriz Sean Young y unos pocos temas musicales que evocan la inolvidable partitura de Vangelis).
También el director Villeneuve se permite establecer un conflicto que enfrenta y divide a la humanidad entre dos nuevas formas de vida: los nacidos por vía natural y los replicantes, construidos en una sociedad post apocalíptica que, nos señalan, sobrevivió a duras penas de lo que se denomina como el Gran Apagón, que sabemos se trató de una guerra nuclear.
Este ‘Blade Runner 2049’ posee instantes brillantes, plenos de lirismo, sobre todo entre K y su compañera evanescente, Joi (Ana de Armas). Pero donde el realizador alcanza a rozar lo sublime es cuando K se encuentra con la doctora Ana Stelline (Carla Juri), cuya presencia viene a ser el equivalente a las lágrimas en la lluvia de Rutger Hauer, en el momento culminante de la primera película. Ese instante, la manera en que se planificó desde el lenguaje fílmico, le otorga grandeza a una película que, de seguro, será reconocida como una de las grandes del presente año y una sucesora digna de un capítulo glorioso del cine.
Tal vez la frialdad deliberada del relato, una serie de escenas anticlimáticas que ahondan en lo psicológico antes que en los efectismos y la necesidad de conocer a cabalidad la obra original es el lastre que arrastra este filme. No obstante, la brillantez de su dirección artística, la capacidad del realizador para salir airoso de este tremendo desafío y, sobre todo, la cantidad de preguntas que quedan en el aire durante su visionado -¿Cuál es la esencia de lo real? ¿Qué diferencia tiene lo real de su imagen? ¿Dónde radica la humanidad?-, hacen de este ‘Blade Runner 2049’ si no lo mejor de este año, uno de los filmes más fascinantes y necesarios de revisar en mucho tiempo.
El universo blade runner
El gran acierto del director Denis Villeneuve fue asumir esta secuela con absoluto respeto por la película original, entrando en ese universo dominado por las sombras, las luces de neón y la edificación piramidal imposible, donde jamás vemos la luz del sol, recalcando que se trata de un mundo agónico, que ha escapado de la radiación de la guerra nuclear y que ha avanzado en la tecnología en aspectos increíbles, como la capacidad de crear replicantes, similares a los seres humanos, pero en cuyo interior no existen recuerdos sino implantes de memoria.
El ‘Blade Runner’ de 1982 convirtió a Ridley Scott, en el autor de dos de las obras más importantes de la historia del cine, porque tres años antes había entregado la brillante y fundacional 'Alien, el octavo pasajero' (1979).

'Blade Runner 2049' consigue lo imposible: tener identidad propia, respetar el original y ser capaz de enfrentar la nostalgia de una cantidad impresionante de espectadores que tienen, con justa razón, en el lugar más importante el recuerdo imborrable de la película original.
Villeneuve se relaciona con el filme de Scott a través de una serie de referencias y guiños, usa de modo notable el recurso de los sueños y hasta se permite una densa reflexión sobre la esencia de la humanidad, de los cimientos sobre los que descansa la moral —y por ende la justicia— y de los retos a los que se enfrenta la bioética a medio plazo. En este juego referencial genera una relectura y plantea significados nuevos a los grandes enigmas del clásico de Scott.
Conviene destacar que, de acuerdo con lo planteado por el historiador israelí Yuval Noah Harari, hacia el final del siglo XXI el mundo asistirá al término del Homo Sapiens que será superado por el irrefrenable desarrollo de la biotecnología y de la inteligencia artificial y tal vez se encuentre en el instante clave en que el límite diferenciador entre aquello que resulta de un código binario —0 y 1— y aquello que lo hace de una secuencia de adenina, timina, citosina y guanina —A, T, C, G— esté encaminado a difuminarse.
El director Villeneuve amplía estas especulaciones en su cinta y añade referencias directas a la realidad virtual como sucedáneo de la realidad tangible, el empleo indiscriminado de la ingeniería genética en la producción de alimentos o la exploración de nuevas fuentes nutritivas —los insectos, por ejemplo— para paliar la escasez de recursos, que están de plena actualidad, 35 años después del estreno de la primera película.
Lo más destacado de este filme es que alcanza lirismo en su visualidad como pocos: el director logra condensar en cada plano la potencia y la belleza del universo 'Blade Runner', haciendo que cada plano se convierta en un cuadro, en un trabajo milimétrico que evoca a grandes pintores y que juega con la geometría caleidoscópica, partiendo por la muy impecable primera secuencia en donde las parcelas de cultivos transgénicos se disponen una tras otra como las células de la piel, evocando de un solo golpe visual el dilema entre lo sintético y lo 'natural'. A esto se suma la banda sonora que recuerda, evoca, pero no copia la de Vangelis y logra un brillante murmullo musical, tan constante como demoledor compuesto por Hans Zimmer y Benjamin Wallfish.
El universo de ‘Blade Runner’, la ciudad de Los Ángeles, ha mutado en esta secuela en un mundo futurista oscuro y cubierto de cenizas, mucho más frío y desesperanzado que el imaginario construido por Scott, en el cual la crítica social se hace mucho más explícita,
Sin embargo, a pesar de su perfección técnica y a lo interesante de su lectura y su trabajo simbólico, 'Blade Runner 2049' peca de una excesiva frialdad que podrá sorprender a espectadores que, mal acostumbrados a los efectismos y al cine de golpes y destrozos, pueden sentirse descolocados en este mundo donde no hay cabido ni siquiera para soñar con ovejas eléctricas.

Víctor Mario Bórquez Núñez es periodista, escritor, Académico Universidad de Antofagasta. Magíster en Educación y Máster en Comunicación, Especializado en Periodismo y Comunicación Social

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