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BABY DRIVER Destacado

BABY DRIVER


EL APRENDIZ DEL CRIMEN

Cine comercial, sí, pero bien realizado con virtuosismo técnico y con un potente olfato para satisfacer las expectativas del público. Esta cinta permite, además, aquilatar la cada vez más interesante realización del director Edgar Wright

Víctor Bórquez Núñez
Ésta es una excelente película de entretención, que asume plenamente los límites de un género que congrega por lo general a un público que solo busca pasar un buen rato, sin ningún propósito más.
Se trata del último trabajo del director Edgar Wright, quien desde hace rato viene dando que hablar respecto de la forma en que un cine evasivo puede –y debe- tener calidad visual, sobre todo jugando con un estilo de dirección y un montaje excepcionales.

‘El aprendiz del crimen’ (‘Baby Driver’) está realizada con un esquema seguro: tiene lo que espera un público mayoritariamente joven: personajes bien delineados en las caricaturas que representan, una banda sonora brillante y un montaje que es una clase de cómo una situación puede ser filmada desde múltiples puntos de vista, provocando sensaciones múltiples.
Tal vez, y sin ser exagerados, se trate de una de las mejores películas de acción del último tiempo, porque cumple con las expectativas del público: hay choques, carreras, balaceras, traiciones, robos y romance justo para que todos queden felices. Nada nuevo, cierto, pero la diferencia está en que el filme está bien realizado y que no trata de engañar a nadie: es un producto comercial que solo quiere entretener. Y lo logra con creces.
Además no hay nada nuevo bajo el sol desde el punto de partida argumental: el protagonista es un joven con un problema auditivo, obsesionado con la música al punto que vive con los audífonos pegados a sus orejas y con una capacidad impresionante para conducir a alta velocidad trata, sin lograrlo, de separarse de un excéntrico mafioso que lo obliga a participar en robos a mano armada con equipos de delincuentes que usan máscaras para cometer los ilícitos. Ese protagonista se llama Baby -el actor Ansel Elgort, que se luce con esta actuación- y su misión en cada robo es conducir el vehículo que libera a los asaltantes de las constantes persecuciones policiales tras cometido el robo.
Cabe entonces la pregunta: ¿por qué destaca ‘El aprendiz del crimen’ si no aporta nada nuevo en un género decididamente comercial? La razón es que tiene una notable dirección y un montaje que es un lujo.
Donde se luce la película es en el empleo de los recursos narrativos a través del lenguaje audiovisual, no del argumento. Destaca en el empleo de la música, que se integra perfecta en cada secuencia y configura que cada golpe de percusión se corresponde en una acción.
Por eso es un gusto constatar en esta película, la exquisita dirección y el montaje que incluye hasta un travelling circular que pretende generar una atmósfera opresiva en un momento determinado. De esta manera, y aun con un guion bastante pobre y obvio, los actores (Jamie Foxx, Kevin Spacey, Lily James) son capaces de brillar porque el director Edgar Wright le da a cada uno un instante para que se luzcan a pesar de tener que encarnar personajes superficiales y arquetípicos.
Conviene destacar que el realizador Edgar Wright se ha ido ganando una buena reputación gracias a películas de género y apegadas a fórmulas probas pero donde se las ingenia para insuflarles un estilo personal, como ‘Arma fatal‘, ‘Scott Pilgrim contra el mundo’ y sobre todo ‘Bienvenidos al fin del mundo‘, hasta ahora su mejor película.
Por eso, es una película que se disfruta. Y debe ser saludada como un buen ejemplo de cine comercial que conecta con las expectativas de los espectadores, pero sobre todo que no olvida que el cine debe ser un vehículo de emociones sustentado en un lenguaje fílmico cuidado y atractivo.

Víctor Bórquez Núñez, periodista y escritor. Es académico de la Universidad de Antofagasta en Chile

 

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