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La Noche del Ariel en Bellas Artes

La Noche del Ariel en Bellas Artes

 

Raúl Adalid Sainz
Ese espíritu libre llamado Ariel, ese genio del aire liberado por “Próspero” en la “Tempestad de Shakespeare”, simbolizó un pedimento por parte de la comunidad cinematográfica la noche del 5 de Junio de 2018 en Bellas Artes: Justicia, paz, no a la violencia, libertad.


Y es que el premio “Ariel”, creado por el escultor mexicano Ignacio Asúnsolo en 1948, toma su nombre del libro homónimo del escritor uruguayo José Enrique Rodó, en el que “Ariel” es la simbolización de los ideales de unidad y defensa de la cultura latinoamericana. En esta ocasión el gremio cinematográfico cantó a coro la defensa de la dignidad de vida de nuestro país.
Más que la premiación misma, la cual fue muy bella, me llenó de contento sentir a mi gremio de trabajo unido en pos de clamar el hartazgo a tanta vejación cometida, a tanto olvido, a tanto asunto toral no resuelto.
Las tres cineastas asesinados de Guadalajara fueron recordados por tres jóvenes jaliscienses, uno de ellos, la lectora, con lágrimas de rabia y dolor pedía a las autoridades el respeto a la vida. Se recordó también a los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, las matanzas crueles de Aguas Blancas, Acteal, los 49 bebés quemados en la guardería ABC de Hermosillo, hace nueve años, sin responsables de la tragedia. El asesinato a periodistas, mujeres, estudiantes. Crímenes que suceden y suceden, y todo marcha en la indolente cotidianeidad.
“¿Aún se puede hacer algo?”, decía el fotógrafo austriaco-mexicano, Tony Kuhn, al recibir su “Ariel de Oro”, por su brillante trayectoria.
También se recordaron los cincuenta años de la matanza de Tlatelolco y cómo el cine y sus cineastas han profundizado en imágenes este hecho vergonzoso. Cincuenta años de mentira, pero cincuenta años también de jóvenes cineastas que surgieron y dieron crítica social cinematográfica con su filmografía. Fue el surgimiento de Cazals, Fons, Ripstein, Isaac, Hermosillo, los guionistas Tomás Pérez Turrent y Xavier Robles.
Lo anterior señalado es imagen pues de una comunidad preocupada por su país. Que no cree más en discursos gastados y falsos. Una comunidad artística que por medio del cine refleja su honda interrogante hacia el curso que toma su país.
El director de "La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas", el cineasta Ernesto Contreras, habló de la necesidad al apoyo del cine de calidad. Esa cinematografía que sirva como factor educativo-sensible de nuestra sociedad. Recordó a esos jóvenes de 1968, que en las manifestaciones en contra de la intolerancia, que en las calles de la Ciudad de México gritaban: “La imaginación al poder”. Esta metáfora fue señalada por el cineasta como la urgente necesidad de tener gente con espíritu e ideales comprometidos para con el país.
El cineasta Everardo González ganador del “Ariel” a mejor documental por su cinta “La Libertad del Diablo”, misma que habla del asesinato en nuestro país a miles de gente, dijo que ojalá su cine no fuera un reflejo más de lo que nos acontece. Dicho lo anterior en una profunda necesidad de transformación social para México.
Algunos cineastas mexicanos fueron reunidos en la antigua casa de Luis Buñuel para verter testimonios de la importancia del cine para con la sociedad. Algunos fragmentos fueron presentados durante la ceremonia.
Llamándome la atención lo dicho por el cineasta Jorge Fons, en el sentido de que el cine es una necesidad de decir cosas, preocupaciones, una forma de expresión que puede iluminar a la conciencia, un charlar urgente con el espectador para buscar una posible renovación de vida. Los altos muros de la casa de Don Luis parecían clamar ecos celebratorios.
Las circunstancias actuales de nuestro país llevaron a que así fuera la ceremonia. Fue la celebración, la fiesta a nuestra cinematografía, pero también a la necesidad urgente reflexiva y sensible de los hechos inadmisibles que nos rodean. Fue decir un “no rotundo” al acostumbramiento, a la incapacidad de asombro de un México trágico y el devenir absurdo del mundo.
En cuanto a las premiaciones me fue gratísimo saber que una película hermosa y de gran riqueza cinematográfica como, “Sueño en otro Idioma”, fue la ganadora a mejor película. Cinta que refleja el respeto a las lenguas indígenas, a su honda cultura, a la tolerancia de amor en otro idioma, en la preferencia erótica elegida.
El “Ariel” entregado a mejor actor para Eligio Meléndez, es el símbolo a la perseverancia, al conseguir el sueño, el premio a un histrión que espera con fe el papel de su vida y manifiesta grandemente su talento. Eligio parecía arrullar a su niño “Ariel” al dar su discurso.
Me congratuló el “Ariel de Oro” por su trayectoria, a la actriz Queta Lavat, es el Ariel de Oro a la época dorada del cine mexicano, a la cual ella representa. A las grandes películas que hizo con el “Indio Fernández”, (“La Perla”) a aquella comedia inolvidable: “Dos Tipos de Cuidado”, al lado de Pedro Infante y Jorge Negrete.
El gran Felipe Cazals apareció con la talentosa actriz Blanca Guerra para premiar al mejor Director: Amat Escalante. Joven cineasta que se arriesga a decir sus verdades, sus sueños, sus pesadillas del oscuro vivir humano. Amat hace de su cine un sueño donde se revelan las peores pesadillas. Su dirección a la “Región Salvaje” fue reconocida.
Hay en mí un dejo de vacío al no haber podido ver la mayoría de las cintas nominadas. La exigencia es más tiempo en pantalla para nuestro cine. Más difusión para el mismo. Que nuestra cinematografía no sea un invitado incómodo en su propio país. Las exhibidoras ven al cine mexicano como un estorbo, ellos desean tener salas libres para poner el hit de moda.
Lamentables consecuencias de aquel infausto tratado de libre comercio que permeó en la dispareja competencia a nuestro cine.
Celebro la inmensa noche de solidaridad humana vivida ayer por nuestro gremio. Una comunidad que cuenta con gente reflexiva y sensible, gente que en verdad ha luchado por una transformación urgente para este México que naufraga en la mentira del desorden injusto de vida. Como bien dijo el fotógrafo Tony Kuhn: “Ojalá nos sanemos, que nos curemos”.

PD: Mi felicitación enorme a todos los ganadores y nominados, dentro de ellos hay muchos cuates y otros muchos que celebraría conocer y tener la fortuna de llamarlos también "cuates".

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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