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Historias de actores

Historias de actores

 

N°49.

De Película, un joyero de imágenes provocado por un mago: Julio Castillo

Raúl Adalid Sainz
Hace apenas unos días, han circundado por mi memoria, extraordinarias imágenes provocadas por un hechicero: El director teatral Julio Castillo.
La pantalla en mi abstracción de reminiscencia tiene un nombre: "De Película", obra de teatro fabulosa. Misma que vi un día en reposición en el Teatro Jiménez Rueda. El estreno fue en el Teatro "El Galeón" en el año de 1985.


Aún vivo en mí, la presencia de aquel niño (Diego Luna) entrando a una sala vacía vieja de un cine de barrio. Una especie del espacio vacío de Brook que irá poblándose poco a poco de espectadores. Los recuerdos de Julio Castillo volcados en películas comenzarán. El niño es el director, aquel infante que en una sala de cine se subyugaba con la vida. Vista la misma a través del mundo de los espectadores y de lo que se proyectaba en la pantalla. Así fue concibiendo Julio aquel espectáculo que ronda en la memoria de muchos que un día nos cautivamos con su teatro.


La obra es una doble cara. Un espejo. Los espectadores actores, serán público que vive intensamente las películas proyectadas en la pantalla imaginaria y serán actores de la cinta en alusión. Unos participan, otros serán espectadores. Así irán rotándose. El hilo conductor será el cine. Un recorrido de cintas de los cuarentas a 1968 en Tlatelolco.
Películas mexicanas: desde "Nosotros los Pobres", Rumberas ("Hipócrita", Leticia Palma marcada del rostro) hasta César Costa, Alberto Vázquez y Enrique Guzmán, en las roqueras mexicanas, hasta las icónicas de Hollywood: "Singing in the Rain", "El Mago de Oz", "Psicosis", "Rebelde sin Causa", y etcéteras que escapan a la fugitiva memoria. Este escrito es al final de cuentas rescatar la vida, memoria al fin, un algo que se escapa del aquí y ahora.
Esos desdoblamientos de los actores es lo que más recuerdo. De repente, de ser espectadores pasaban a ser personajes de las películas en mención. Aún recuerdo a Damián Alcázar bailando como, "Tin Tan", o viviendo a su machito mexicano espectador creyéndose Pedro Infante en "El Torito".
Veo a Rosario Zúñiga, viviendo en llanto "Nosotros los Pobres", personificando en sketch fársico a Blanca Estela Pavón: "¡No llores pendeja, sí sólo es una película!", le decía Damián. Cómo olvidar a Fernando Rubio, en aquel judío de barrio del viejo centro de la Ciudad de México dejando a un amor olvidado en Polonia, la mujer aparece en su pantalla interior al ver éste una película que habla de la Europa en los días en que en ella habitaba. Ese recuerdo era interpretado por la expresionista actoralidad de Lucero Trejo.
Recuerdo la magnífica presencia de Martha Navarro, madre olvidada, con sus peculiares hijas: Georgina Tábora y la pubertad de Lucero Trejo, el hijo rebelde encarnado con toda la energía en contenido por Arturo Ríos. Veo a la sensible, romántica espectadora, encarnada por Julieta Egurrola, estrangulada en su imaginario por el psicópata Anthony Perkins al proyectarse "Psicosis".
Aquel vendedor novio de Julieta, una especie de mandilón, burlón y enamorado encarnado por Juan Felipe Preciado. Aquel especie de Juan Orol, gángster-pachuco, creado magníficamente por Juan Carlos Colombo, una especie de fantasma del mismo cine. El nunca cambiaba de personaje. Siempre ahí, presente como un observador del tiempo y de los tiempos.
Recuerdo al maestro comunista de barrio, elaborado espléndidamente por Rafael Pimentel. Los jóvenes besucones del servicio militar encarnados por Gonzalo Blanco, Adrián Gómez, Francisco Bueno, ellos creaban una auténtica labor de ensamble, desarrollaban varios personajes.
Aún vivo en la risa aquel "Tarzán" de Gonzalo acompañado por su "Chita" en recreación de Gerardo Martínez (Pichicuaz). Y ya que a él hago referencia, lo vivo en su vendedor de palomitas, alegrías y refrescos, en momentos de angustia y tensión de las películas, aparecía su nota cómica: "Alegrías, muéganos, refrescos".
Cómo olvidar aquella recreación en zetas, del memorable "Zorro", creado por Mike Solórzano. Recuerdo vivamente a José Luis Martínez acompañando a su vieja madre. Matando a la misma en reclamo, cuando encarna el actor a Anthony Perkins en "Psicosis". No olvido a Lucía Paillés, a Lourdes Villarreal con aquella madre chistosa y sobre protectora de su machito cabrón hijo. Se la pasaba hablando durante la película, comía cacahuates, tiraba las cáscaras al suelo, comentaba la película, alegaba con el público que la callaba con el clásico "shhh", de la oscuridad anónima de la sala del cine.
Cómo olvidar aquel baño, lugar de confesión y actos de intimidad de los personajes. Ahí no olvido el reclamo de Arturo Ríos a su padre Fernando Rubio, encarnaban su situación vista a través de la película, "Rebelde sin Causa". En la discusión "El Zorro", estaba sentado defecando en la taza del baño. Nota discordante y humorística por parte de Julio Castillo.
El final jamás lo olvidaré: Los actores se desnudaban en símbolo del amor y paz hippie. Todo estaba armonizado por "Here Comes The Sun" de George Harrison. Diego Luna, desnudito niño, soltaba una paloma blanca. El grito de vida joven se enaltecía en "Satisfaction" de los Rolling Stones.
Aquella manifestación era acallada por fuerzas represoras vestidas de negro que a palos repartían mandarriazos por la sala. Un judicial terrible (Arturo Ríos) torturaba al profesor comunista del barrio (Rafael Pimentel). Era un "Guante Blanco", policía represora de 1968 en los hechos de la matanza a estudiantes en Tlatelolco.
Todas estas imágenes eran parte del espectáculo creado por Julio Castillo. Sus recuerdos de aquel cine de su barrio. Los textos fueron creados por su compañera de vida Blanca Peña. Pero sé que todo fue una labor conjunta entre actores, director y dramaturgo para crear el espectáculo. La obra duraba más de tres horas. Ni se sentían.


Quise resaltar la labor actoral dentro de un gran espectáculo creado por Julio Castillo porque ellos fueron una extensión maravillosa creativa del mundo de sueños del director. La magnífica dirección actoral de Julio era impresionante. Un día Arturo Ríos, actor en "De Película", me dijo que Julio tenía la virtud de que sus actores llegaran al techo máximo de sus posibilidades creativas.
Al escribir este relato he vuelto a vivir la magia de ese mago hechicero del escenario. Ese poeta del espacio, ese que hoy un teatro lleva su nombre, ese que me hizo sentir que el teatro era un espacio de mundos, ese llamado: Julio Castillo.


FICHA TÉCNICA
Título obra: De película
Autoría: Blanca Peña
Dirección: Julio Castillo
Elenco: Julieta Egurrola, Lourdes Villarreal, Luis Rábago, Juan Felipe Preciado, Lucia Paillés, Rafaél Pimentel, Miguel Solórzano, Juan Carlos Colombo, Lourdes Villarreal, Damián Alcázar, Lucero Trejo, Martha Navarro, José Luis Martínez, Fernando Rubio, Arturo Ríos, Juan Cristóbal Castillo, Georgina Tábora, Francisco Bueno, Gerardo Martínez Pichicuaz, Gonzalo Blanco, Rosario Zúñiga, Diego Luna, Martha Papadimitriou, Víctor Zacca, José Luis Domínguez, y actores que estuvieron en la primera puesta y que muchos de ustedes no olvidan.
Escenografía: Gabriel Pascal
Iluminación: Gabriel Pascal
Coreografía: Ricardo Luna
Espacios teatrales Teatro el Galeón y Teatro Jiménez Rueda en su reposición de 1990.

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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