Menu

 

Historias de actores

Historias de actores


N°48.
Lagunero de Media Noche en Nueva York

Tomé un Greyhound, viajé 52 horas, para pedir chamba como actor en Nueva York

Tercera y última parte

Raúl Adalid Sainz
Al iniciar mis estudios teatrales por los años ochenta en la UNAM, me interesé mucho por el teatro de García Lorca. Su lírica dramática y sus historias me subyugaban, aún o más en estos días. Supe de su tremenda poesía cargada de dolor profundo al crear "Poeta en Nueva York".


Un febrero de 1997, me enteré que la "Compañía Repertorio Español", a la cuál pertenecía, preparaba los castings para el montaje de "Yerma" del dramaturgo andaluz Federico García Lorca. No estaba considerado para los mismos, pese a haber tenido un desempeño satisfactorio en "La Vida es Sueño".
Una compañera actriz de la compañía, la mexicana Anilú Pardo, me dijo que los castings ya habían comenzado. Cuando me lo dijo, estaba en un café a una cuadra de la compañía teatral. El hambre me llevó a hablar con el director escénico de Repertorio Español, el señor René Buch, y pedirle una oportunidad para audicionar.
Me dijo "está bien mexicano, pide que te den las líneas del "Macho Cabrío", te presentas el Lunes. Ese día era viernes por la noche. Sábado y domingo preparé mi prueba en mi nuevo domicilio en North Bergen, New Jersey. Era room mate (compañero de depa) de mi paisano lagunero Carlos González Lobo, un ángel para mí en la gran manzana.


La escena surgió en base al movimiento físico. Me imaginé ser un toro de esos que pintaba Picasso. Fantaseé que mi cara era de burel, y sentía en mi testa una cornamenta que me hacía vivir la bravura para esa situación de romería que plantea Lorca para la escena. El Macho Cabrío es una metáfora de los deseos de hombre vital de Yerma. Mi cita fue como a las tres de la tarde, fueron convocados todos los actores españoles de la compañía para los roles estelares.
Hice mi prueba y a Buch le encantó. Me dijo, ahora quiero que leas con toda la intención dramática el papel de Juan. Este personaje es el protagónico masculino de la obra. Recuerdo las indicaciones del director, "quiero que me transmitas la sequedad, lo yermo, el vacío vital masculino, la rutina, lo áspero".
Al darme las instrucciones yo me fui a una imagen. Las rocas secas, ásperas que un día de niño vi en el "Cañón de Fernández" de mi tierra lagunera. Esas rocas secas por el sol y el calor las sentí en la barriga y empecé mi lectura. Hice la audición con dos Yermas distintas (Anilú Pardo y Monica Steuer).
A los tres días se dieron a conocer los resultados. Como a eso de las doce del día de ese tercer día yo estaba en mis clases de inglés en Jersey City. Pedí permiso para ir al baño. Tomé el teléfono público de la escuela y hablé a la compañía. La asistente de René Buch me dijo: "Raúl tú eres Juan el protagonista".
Colgué, hice un gesto de triunfo con el puño cerrado que sacudía mi cuerpo, era un logro de esos que pesan en la vida personal. Al caer la moneda con la elección a favor; viví el reverso también. El éxito muchas veces va acompañado de tristeza, mi novia mexicana me cortó.
A Juan lo hice con las tripas, con el dolor de la separación. Yo estaba roto emocionalmente en mi persona, simple y llanamente le imprimí esa vivencia particular al personaje. Fueron muchas las muestras de simpatía y cariño hacia mi trabajo. La que más recuerdo fue la de un tramoyista dominicano de la compañía. Me convidó de su comida, "Sancocho de gallina". Me dijo, poco más o menos así: tu trabajo me llega al alma porque siento tu dolor y tu tristeza que reflejas con ese hombre que interpretas.
La temporada duró unos meses con gran éxito. Regresé a México terminada la temporada por allá de agosto del 97, un año de estadía newyorkina. El retorno es simple de explicar, volví a reconquistar a mi novia con quién llevo dieciséis años de casado.
Un día platicando con mi amigo el director escénico Nacho Escárcega me dijo, en un tono de pregunta afirmativa: "Entonces tu regresaste por amor". Eso me lo dijo al platicarle mi aventura y darme la oportunidad en mi retorno al DF, en su obra dirigida "Libros para Cocinar".
La verdad no pensaba escribir este capítulo es muy personal, pero los seres humanos somos un compuesto de muchos colores emocionales. Estos tres escritos están dedicados a los actores. Invitándolos a que vivan la vida, sus sueños, sus anhelos.
Muchas veces la vida te hace que decidas: el éxito personal o el amor compartido a otro ser humano. Yo elegí lo segundo. Porque vivo la vida como en un teatro, como en una película, ahí los personajes tienen que hacer grandes decisiones que los definan. Yo como Humprey Bogart en "Casa Blanca", haciendo su célebre Rick, viví por el amor.
Mi último día en Nueva York lo compartí en despedida con mi compañera Mónica Steuer (quien interpretó una maravillosa Yerma) en Battery Park, teniendo como fondo las hoy fallecidas Torres Gemelas. Gracias por esa tarde Mónica.
Nunca volví a Nueva York, esa ciudad que tanto me enseñó y fundamental en mi vida. Después de vivir ahí, a nada, a ningún reto le tengo miedo. Un día volveré cuando sea el momento señalado. Dejo está aventura viva siempre para el espejo de cualquier quijote que quiera vivir su sueño imposible.
The End.

Raúl Adalid Sainz, Ciudad de México-Tenochtitlan

volver arriba

Secciones

Columnas

Follow Us

Tools

RSS

RSS